miércoles, 4 de agosto de 2010

Me declaro consumista



Trujillo- Perú se está convirtiendo en una sucursal del consumo con la inauguración de grandes centros comerciales en los últimos tres años. La inauguración el 29 de junio del primer hipermercado Metro fuera de Lima es una muestra de este crecimiento económico, que avala las cifras de desarrollo del Gobierno Central, pero cuánto mejoran los trujillanos con estos grandes almacenes, ¿somos mejores personas con ello?
Soy una trujillana más y lo reconozco, he sucumbido a la tentación de las ofertas, la moda y los productos que no son necesarios para vivir, pero sí para sentirse bien llevándolos puestos, aunque ese bienestar sea pasajero.
En las últimas semanas me he comprado ropa de manera excesiva, pero ¿cuánto dura esa emoción de compra? ¿me hace feliz?, para nada ¿llena algún vacío en mi vida?, no. Hasta hace un par de años no me hubiera atrevido a comprar un par de zapatos con mi tarjeta de ahorros, pero lo hice el mes pasado pues eran tan lindos y “necesarios” que sentí una gran ansiedad de tenerlos y, confiada en la palabra de la vendedora de que no me cobrarían dinero adicional, los compré con mi tarjeta. Esos botines negros eran míos, sólo míos, completamente míos.
A fines de junio encontré respuesta a una pregunta tan sencilla pero tan difícil a la vez ¿qué hace feliz a un ser humano?- y aquí no entra a colación el machismo ni el feminismo, pues estoy segura de que tanto hombres como mujeres quieren ser felices- y esa respuesta vino en la forma de un libro de Eduard Punset, “El alma está en el cerebro”, que mi padre me dio a leer (actividad que siempre practico con textos seleccionados por mi papá cuando lo visito y que le agradezco).
Comprendí, o mejor dicho, reaprendí, que el consumo desmesurado nunca nos hará felices, porque lo que hace feliz al HOMBRE no cuesta nada, y vale todo, lo es todo: el amor.
El amor en todas sus expresiones, a los padres, hermanos, amigos, a la pareja. Ese amor sincero que nace del alma, de la mente, de las vísceras y de los sentimientos más nobles y profundos que el ser humano produce, alimenta, anhela.
Aquel bien esquivo (Sor Juana Inés de la Cruz dixit) que no se consigue estudiando en la universidad y que, como lo he observado muchas veces, está vivo y ardiente en los más humildes, en la gente de bien.
En la senda de la felicidad, el ejercicio certero es muy sencillo, tiempo para estar con uno mismo, practicando la reflexión, admirando la naturaleza y la vida y tiempo para estar con los demás, mediante la conversación , el diálogo y el compartir con los seres que nos importan, familiares y amigos, que con su afecto sincero nos brindan la auténtica felicidad, y no hay tarjeta de crédito que los reemplace jamás.
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
(Sor Juana Inés de la Cruz)

4 comentarios:

  1. Ciertamente, un corazón deshabitado no conseguirá llenarse por convocatorias crediticias. Al contrario, la angustia del sobregiro le hará navegar en un mar tormentoso y eventualmente zozobrar en una orgía consumista que le llenará el armario de los cachivaches más inútiles dejando a la intemperie las entrañas de su cuenta bancaria. Lamentable.

    ResponderEliminar
  2. Gracias señor Julca por leer y comentar mi blog, agradezco sus reflexiones.

    ResponderEliminar
  3. Bertha me encanto lo que escribiste. Aca en EE.UU como todos saben hay demasiado consumismo, que hasta me da asco.Algo que me llama la atencion es que aca es normal comprar en exceso,no solo porque te alcanza ,pero es mas como hobby.
    Lorena

    ResponderEliminar
  4. Siempre he huido del consumismo, algunas veces he caído, pero creo que se trata de mirar las cosas a distancia o de salir con poco dinero jajaja.

    Saludos

    Valery



    [Barcelona Daily Photo]

    ResponderEliminar