martes, 22 de noviembre de 2011

Carolina Amaya, amante de la justicia

Carolina Amaya Mego teme ser vista con mala cara en un centro comercial, restaurante o colegio. Tal vez ese sea el pago a su trabajo. Si el bien se paga con bien, ¿porqué a veces la tratan mal?

Cual Pepe Le Pew de las caricaturas, que vehemente persigue a su amada superando los obstáculos del camino, Amaya va detrás de su objetivo, hacer prevalecer los derechos del consumidor, usuario y ciudadano ante las empresas que no los respeten. Y es que encabezar la Asociación de Protección y Defensa de los Consumidores y Usuarios Peruanos (Apdeco) no es un lecho de rosas, pero el perfume del deber cumplido y la satisfacción por defender a los demás la embriaga por completo, y tiene un aroma delicioso, nada parecido al del zorrillo enamorado.

Como en esta mañana de inicios de agosto en que Amaya visita boticas y centros comerciales, donde verifica que se devuelva el dinero a los compradores de un enjuague bucal declarado nocivo. En un centro comercial de la avenida Larco el encargado la atiende amablemente, Amaya pide cantidades y fechas precisas de las ventas, y reclama la entrega del dinero sin presentación del frasco del producto
Mientras el trabajador de la tienda va a su oficina para traer los datos solicitados, la abogada  egresada de la Universidad Privada Antenor Orrego se dirige a la sección de licores, coge una botella de vodka y le da vuelta en busca de la frase “Tomar bebidas alcohólicas en exceso es dañino”, la encuentra, sonríe y afirma que por ley todas las botellas de licor deben llevar esta advertencia.
Deja la botella y va hacia los panetones, busca en el empaque la lista de ingredientes y señala la cúrcuma o curcumina como un logro y un paso más a favor del consumidor, pues esta sustancia reemplaza a la tartrazina, colorante dañino para la salud.
El encargado de la tienda regresa, presenta datos y fechas, Amaya dice que volverá, con un tono amable pero firme, se despide y sale de la tienda. Dos hombres la observan desde la cafetería del segundo piso. Sube al taxi que la desplaza desde hace tres años. Amaya confía en el maduro chofer, le tiene aprecio, y es correspondida.
Confianza, es lo que la titular de Apdeco tiene en sus colaboradores. Un equipo conformado por 14 miembros, entre biólogos y nutricionistas y abogados, quienes atienden los reclamos y formulan las denuncias de los consumidores.
En su local de la novena cuadra de la avenida Los Ángeles en la urbanización California, Amaya y su equipo trabajan en 600 casos, denuncias que los consumidores o usuarios de algún servicio tienen en contra de alguna empresa o servicio que no cumplió con su labor, dar un buen trato o vender un buen producto o servicio a quien paga por ello.
Pero esta trujillana de 33 años, que estudió en el jardín de niños Jesús de Praga de Huamachuco y la primaria y secundaria en el colegio San Vicente de Paúl de Trujillo, no se limita a la ciudad de la eterna primavera y ha desarrollado campañas itinerantes en Chepén, Pacasmayo, Chocope y otras ciudades de La Libertad y ha inaugurado una oficina en Cajamarca en mayo de 2011.
En sus tres meses de vida -una diferencia de cuatro años en comparación a la de Trujillo que se fundó en 2007-, en la sede de Cajamarca han comenzado a informar y sensibilizar a la población sobre el Código de Protección y Defensa del Consumidor. En Trujillo, a inicios del año escolar, es obligatoria la supervisión a colegios particulares para evitar los cobros indebidos; las inspecciones a los buses informales o piratas que ponen en riesgo la vida de sus pasajeros; en navidad verifican que los pavos, panetones y chocolates sean aptos para el consumo humano y que los juguetes carezcan de componentes nocivos para los niños.
“Hay una relación de asimetría entre proveedor y consumidor o empleador y trabajador, pues el proveedor siempre tiene más información y un mejor equipo técnico y contribuir a que esta asimetría se elimine es mi mayor motivación, me siento útil como ser humano y profesional”, expresa Amaya mientras se arregla el cabello negro y ondulado y abre sus ojos negros.
La Apdeco cuenta entre sus grandes aliados a los organismos reguladores: el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin); la Superintencia Nacional de Agua Potable y Saneamiento (Sunass);  el Organismo Supervisor de la Inversión Privada en Telecomunicaciones (Osiptel) y el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi); la Policía Nacional; las gerencias regionales sectoriales con cuyos funcionarios coordina y ejecuta operativos todos los meses.
 Eloísa Gross Melo, la representante de Osinergmin en Trujillo, define a Amaya como “una mujer de mucha preparación profesional, con gran fortaleza por defender los valores y los derechos de los consumidores, una mujer muy emprendedora, entusiasta y con actitud muy positiva al trabajo, además es una gran amiga leal y sincera”.
El nuevo reto de Amaya es traer especialistas de Lima para promover la promulgación de una ordenanza regional que impida la entrada de cultivos transgénicos a La Libertad, como se ha hecho en los gobiernos regionales de Lambayeque y Junín; que los ciudadanos tengan una participación activa en los consejos de usuarios de los organismos reguladores y firmar convenios con las municipalidades de las provincias para que se cree una oficina permanente donde los ciudadanos encuentren orientación y apoyo.
Esta soltera amante de las películas cómicas, estudiante de maestría, mayor de tres hermanos, incluso inspiró el tema de tesis en derecho de Jonathan Aguilar Benites, quien trabajó en Apdeco de 2008 a 2010, por si fuera poco me propone presentarme a un abogado limeño. ¿Amaya Celestina?, esta mujer es imparable.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Me declaro consumista



Trujillo- Perú se está convirtiendo en una sucursal del consumo con la inauguración de grandes centros comerciales en los últimos tres años. La inauguración el 29 de junio del primer hipermercado Metro fuera de Lima es una muestra de este crecimiento económico, que avala las cifras de desarrollo del Gobierno Central, pero cuánto mejoran los trujillanos con estos grandes almacenes, ¿somos mejores personas con ello?
Soy una trujillana más y lo reconozco, he sucumbido a la tentación de las ofertas, la moda y los productos que no son necesarios para vivir, pero sí para sentirse bien llevándolos puestos, aunque ese bienestar sea pasajero.
En las últimas semanas me he comprado ropa de manera excesiva, pero ¿cuánto dura esa emoción de compra? ¿me hace feliz?, para nada ¿llena algún vacío en mi vida?, no. Hasta hace un par de años no me hubiera atrevido a comprar un par de zapatos con mi tarjeta de ahorros, pero lo hice el mes pasado pues eran tan lindos y “necesarios” que sentí una gran ansiedad de tenerlos y, confiada en la palabra de la vendedora de que no me cobrarían dinero adicional, los compré con mi tarjeta. Esos botines negros eran míos, sólo míos, completamente míos.
A fines de junio encontré respuesta a una pregunta tan sencilla pero tan difícil a la vez ¿qué hace feliz a un ser humano?- y aquí no entra a colación el machismo ni el feminismo, pues estoy segura de que tanto hombres como mujeres quieren ser felices- y esa respuesta vino en la forma de un libro de Eduard Punset, “El alma está en el cerebro”, que mi padre me dio a leer (actividad que siempre practico con textos seleccionados por mi papá cuando lo visito y que le agradezco).
Comprendí, o mejor dicho, reaprendí, que el consumo desmesurado nunca nos hará felices, porque lo que hace feliz al HOMBRE no cuesta nada, y vale todo, lo es todo: el amor.
El amor en todas sus expresiones, a los padres, hermanos, amigos, a la pareja. Ese amor sincero que nace del alma, de la mente, de las vísceras y de los sentimientos más nobles y profundos que el ser humano produce, alimenta, anhela.
Aquel bien esquivo (Sor Juana Inés de la Cruz dixit) que no se consigue estudiando en la universidad y que, como lo he observado muchas veces, está vivo y ardiente en los más humildes, en la gente de bien.
En la senda de la felicidad, el ejercicio certero es muy sencillo, tiempo para estar con uno mismo, practicando la reflexión, admirando la naturaleza y la vida y tiempo para estar con los demás, mediante la conversación , el diálogo y el compartir con los seres que nos importan, familiares y amigos, que con su afecto sincero nos brindan la auténtica felicidad, y no hay tarjeta de crédito que los reemplace jamás.
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
(Sor Juana Inés de la Cruz)

jueves, 20 de mayo de 2010

¡Bienvenidos!

Sean ustedes bienvenidos a Oasis Perpetuo, un espacio de reportajes, entrevistas y comentarios sobre personas de carne y hueso y sobre la actualidad. Un refugio de letras y fotos para compartir mi visión del mundo y desarrollar una pasión, el periodismo.